Hasta que uno no convive con un perro, no se puede llegar a imaginar los muchos secretos que esconde este animal. Tienen manías, aficiones, costumbres, miedos y comparten con el ser humano muchas características: sueñan, tienen enfermedades comunes como la diabetes o la alergia al polen, cogen aprecio o manía a otros perros o personas y los humanos tienen en común el 60% de su ADN con ellos.
Sin embargo, por mucho que se compartan momentos con un perro, hay determinados datos o anécdotas de manual que no se suelen conocer. Si hablamos de razas de guardianes, es imprescindible hacerlo de los perros de las praderas que, sin duda, dan un buen ejemplo de comunicación y feedback cuando informan de la llegada de enemigos, ya que proporcinan datos del tamaño y velocidad del intruso. También hay que decir que los Chow-chow, esos perros de tamaño grande, con mucho pelo y una caracterísitica lengua azulada, eran muy apreciados por los emperadores chinos como cazadores y porteros de sus templos. Y aunque ahora se piense en los caniche como perros refinados, en sus orígenes eran guardianes de ovejas en el norte de África, si bien es cierto que hasta principios del siglo XX eran considerados para el uso exclusivo de aristócratas y nobles.
Pero si hay alguien que a partir de ahora mire a estas razas con recelo por sus orígenes de guardias y protectores, tiene que saber que es más común que un perro, cualquiera, ataque a un extraño que va corriendo que a otro que está parado. Dicen que los perros huelen el miedo pero, en principio, si un perro tiene un estado mental saludable y ha recibido una buena educación, no atacará si no ve una amenaza real y cercana. Incluso cuando se les ataca, se ha comprobado en numerosas ocasiones que el animal no se defiende. Y es que además de una gran inteligencia, otro rasgo particular de estos animales es la bondad. Son buenos y comprensivos, tanto que hay gente que les habla como si de personas se tratasen; lógicamente no vamos a decir ahora que los perros comprenden nuestro lenguaje, pero sí es verdad que según un estudio ciéntifico de la Universidad de Budapest, los perros que viven con humanos pueden llegar a aprender el significado de hasta 200 palabras con solo oírlas. Son listos, no cabe duda, tanto que a casi todos los perros les apasiona el sabor dulce, el del chocolate, aunque no es conveniente que lo coman porque son muy sensibles a un componente, la teobromina, que en cantidades inadecuadas puede afectar al corazón del animal.

Sin embargo, y al igual que los humanos, a los perros siempre les quedarán los sueños para imaginar que comen lo prohibido, y es que está científicamente comprobado que los perros sueñan y de manera similar a los hombres, probablemente rememoren los sustos o emociones del día. Se ha demostrado que sólo soñamos durante la fase REM (del inglés: rapid eye movement: movimiento rápido de los ojos) y los perros también lo hacen de esa forma.
Las investigaciones hacen suponer además que el período REM resulta útil para estos animales, que tienen un sueño ligero pero se despiertan de vez en cuando para ver si acecha algún peligro. Además, en esta fase los perros pueden gemir, jadear, ladrar, mover la cola e incluso imitar una carrera. Por eso, cuando nuestra mascota parece sufrir mientras duerme, debemos saber que tan sólo se trata de su manera de exteriorizar los sueños.